El cyberbullying o ciberacoso es el uso de medios digitales (smartphones, tablets, ordenadores…) para acosar psicológicamente a otras personas. Este fenómeno, ya de por sí grave, lo es aún más cuando implica a menores de edad y se da en el entorno de la escuela.
El cyberbullying suele implicar ataques intencionados y repetidos a lo largo de un período de tiempo. Los principales efectos son el daño a la autoestima y dignidad de la víctima, que le puede comportar problemas serios como intenso estrés emocional y rechazo social, entre otros. En el caso de utilizar los medios digitales, las consecuencias pueden agravarse, porque actúan como un altavoz debido a su alcance.
Según la Fundación ANAR, casi un 21% de los casos de acoso en el ámbito de la escuela se producen a través de canales digitales.
Perfiles de víctimas y agresores
Según los datos de 2023 de la Fundación ANAR, los insultos directos se dan en un 52,1% de los casos de cyberbullying, las amenazas en un 22,3% y la difusión de vídeos o imágenes comprometidas aparecen en el 20,2% de las situaciones de este tipo.
Por sexos, los casos de acoso afectan más a las niñas; en un 70% de las ocasiones, según datos de ANAR. En cuanto a la edad, la media es de 13,5 años, si bien los primeros casos se han llegado a detectar a partir de los 9 años.
Pese a todo, el informe de ANAR pone de manifiesto que se está notando una mayor sensibilización social con respecto al acoso escolar. Este hecho se refleja en que las víctimas cada vez ven menos afectado su rendimiento y su actitud para ir al colegio. Como muestra, en 2016 un 34,7% de las víctimas manifestaban que no estaban a gusto en el centro escolar, cuando en los años anteriores esta cifra se elevaba al 51,5%.
Solucionar y prevenir
La mejor forma de prevenir el ciberacoso es a través de la educación y la comunicación, algo en lo que es clave que trabajen en equipo los educadores y la familia. Además, “Hay que transmitir a los menores que se tienen que aplicar los mismos valores en el mundo real y en el digital”.
Por otra parte, cabe señalar que la solución para evitar las malas prácticas no es recurrir a medidas drásticas, como prohibir el uso de Internet o del smartphone, porque los beneficios de las tecnologías para los adolescentes en términos de educación y comunicación son muchos. Lo que hay que hacer es “enseñar a usar las redes sociales”.
El móvil es hoy un espacio emocional y vital para las relaciones de los menores “y el miedo a perderlo puede hacer que les cueste más denunciar que están siendo víctimas de un acoso”. “lo importante es conseguir una alfabetización digital por parte de la familia y la escuela”.